Las prescripciones a largo plazo de antidepresivos están en aumento en gran parte del mundo desarrollado. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que cuenta con 35 miembros, reportó en 2017 que el consumo de medicamentos antidepresivos se duplicó en los países miembros entre 2000 y 2015.

Estos fármacos han ayudado a millones de personas a aliviar la depresión y la ansiedad, y son ampliamente considerados como un antes y una después en el tratamiento psiquiátrico. Muchas personas, quizá la mayoría, deja de tomar los medicamentos sin problemas significativos. Pero el aumento en el empleo a largo plazo también es resultado de un problema creciente e imprevisto: muchos que intentan dejar el medicamento dicen no poder hacerlo debido a los síntomas de abstinencia de los cuales nunca les advirtieron.

Algunos científicos previeron hace mucho tiempo que unos cuantos pacientes podrían experimentar síntomas de abstinencia si intentaban dejar los antidepresivos —lo llamaron “síndrome de discontinuación”.

Los fármacos fueron aprobados en un principio para el uso a corto plazo, tras estudios que duraban unos dos meses. Incluso hoy, hay pocos datos sobre el uso a largo plazo.

Los antidepresivos fueron originalmente prescritos para problemas episódicos del ánimo, para ser tomados durante seis a nueve meses, lo suficiente para superar una crisis.

Estudios posteriores sugirieron que el uso a mayor plazo podría evitar que la depresión regresara en algunos, pero esas pruebas en raras ocasiones duraron más de dos años.

Los antidepresivos por lo regular causan anestesia emocional, problemas sexuales como falta de deseo o disfunción eréctil y aumento de peso. Algunos usuarios a largo plazo reportan una creciente inquietud por el uso diario de los fármacos.

Los pocos estudios que han sido publicados sugieren que es más difícil dejar algunos medicamentos que otros. Esto se debe a la vida media de los fármacos.

Las marcas con una vida media relativamente corta, como Effexor y Paxil (paroxetina), parecen causar más síntomas con más rapidez que las que permanecen en el organismo por más tiempo, como Prozac.

Entre los pacientes que dejaron de tomar Zoloft, el 38 por ciento tuvo irritabilidad severa; el 29 por ciento experimentó mareos, y el 23 por ciento, fatiga. Los síntomas se solucionaron una vez que volvieron a tomar las pastillas.

Quienes tomaban Prozac no experimentaron un aumento inicial en los síntomas cuando lo dejaron, pero este resultado no fue ninguna sorpresa. El Prozac necesita varias semanas para ser desechado por completo del cuerpo, así que la interrupción de una semana no es una prueba de abstinencia.

 

 

Fuente: Clarín

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